‘Hariaren amaieran’, el cortometraje que ha colocado a Santurtzi en el panorama cinematográfico mundial
El director santurtziarra Aitor Molina firma una historia de fantasía y terror inspirada en el mito asiático del hilo rojo del destino. La obra, filmada en el municipio y apoyada en el talento local tanto delante como detrás de las cámaras, ha cosechado ya más de 40 reconocimientos
‘Hariaren amaieran’ es un cortometraje que mezcla fantasía oscura y terror partiendo de una idea tan universal como inquietante: el hilo rojo del destino, un mito de origen asiático que postula la existencia de un hilo invisible que conecta a personas destinadas a encontrarse y mantener una relación significativa. Rodado en Santurtzi y con una fuerte implicación local tanto delante como detrás de la cámara, el trabajo está cosechando un amplio recorrido en festivales dentro y fuera del Estado.
La historia sigue a un joven solitario capaz de ver los hilos rojos que unen a las personas destinadas a enamorarse. Su obsesión por las parejas ajenas y la frustración que siente hacia su propia vida le llevan a cortar aquellos vínculos que considera inapropiados. Sin embargo, todo cambia cuando descubre su propio hilo y debe enfrentarse a la incertidumbre de quién (o qué) puede encontrarse al otro lado.
Su director, el santurtziarra Aitor Molina, partió de ese mito ampliamente explorado en la comedia romántica y el drama, pero apenas tratado desde el terror. La intención era trasladar ese imaginario sentimental hacia un terreno más oscuro y perturbador. “Había visto muchas versiones románticas del mito, pero nunca llevadas al fantaterror”, señala, reivindicando la capacidad del género para reinterpretar relatos universales desde nuevas perspectivas.
Una de las decisiones más llamativas del proyecto es su carácter mudo. Tras varios trabajos anteriores marcados por el diálogo (documentales y comedias rodadas en castellano), Molina buscaba romper con esa dinámica y apostar por una narrativa puramente visual.
Santurtzi no funciona únicamente como localización, sino casi como un personaje más del cortometraje. El parque central, un espacio cotidiano para el director desde la infancia, se convierte en el punto de unión entre lo real y lo fantástico. En un primer planteamiento, la historia iba a trasladarse hasta cuevas del monte Serantes o incluso a Bilbao, pero finalmente optó por algo más cercano y sugerente: conectar ambos mundos a través de las rendijas de la puerta del quiosco del parque.
Entre las imágenes más significativas destaca el plano en el que el protagonista aparece frente a una escultura que recuerda a eslabones de cadena. El interés estaba precisamente en extraer terror de un entorno reconocible e inesperado, demostrando que lo inquietante puede surgir en espacios aparentemente cotidianos.
Gran parte del equipo técnico y artístico es también santurtziarra, algo que el director considera esencial para el tono del proyecto. Más allá del talento profesional, busca también rodearse de personas con quienes exista confianza y entendimiento creativo. Entre los nombres clave se encuentran Amaya Marcaida, encargada de producción, logística, dirección artística y montaje; el director de fotografía David Ontoria, responsable de la cohesión visual del relato; la técnica de iluminación Ainara Martínez, cuya labor permitió construir una atmósfera casi irreal en las escenas nocturnas; y los intérpretes Javier Quintana y Marina Sesumaga, colaboradores habituales.
“El cine exige dejar los egos a un lado para remar hacia una idea común”, afirma Molina, reivindicando el carácter colectivo del proceso cinematográfico. La gestión del rodaje implicó desafíos constantes, especialmente en la coordinación del equipo. Los exteriores estuvieron marcados por la lluvia, que obligó a detener la grabación en dos ocasiones y a refugiar material y equipo dentro del quiosco del parque. Situaciones así, reconoce, forman parte inevitable de cualquier producción independiente: “Da igual cuánto prepares un rodaje, siempre va a ocurrir algo inesperado”. Lejos de convertirse en un obstáculo definitivo, la experiencia reforzó la cohesión del equipo y confirmó la importancia de mantener la motivación colectiva durante los momentos más complicados.
Aunque se trata de una producción realizada en Bizkaia, ‘Hariaren amaieran’ está teniendo una destacada acogida más allá del territorio. El cortometraje ha conectado especialmente en festivales de Brasil, Colombia o Barcelona, además de haber inaugurado el primer festival de cine celebrado en la ciudad turca de Batman.
El trabajo acumula ya más de 40 reconocimientos en su recorrido, un resultado que el director vive con sorpresa y satisfacción. Uno de los momentos más especiales es formar parte de la sección vasca del Festival de Cine Fantástico de Bilbao (FANT), donde el cortometraje se proyectará tras la gala de apertura en el Teatro Campos Elíseos.
No es la primera vez que el municipio aparece en su filmografía. Durante los años sin Fiestas del Carmen debido a la pandemia rodó el falso documental ‘El código de Mentxu’, una comedia que jugaba con teorías absurdas sobre la mascota festiva local y cuyo visionado algunas personas han convertido ya en una tradición anual. También participa junto a Javier Quintana en ‘Cómo mejorar tu tirada de bolos’, otro proyecto que muestra distintos rincones del pueblo.
Molina reconoce la importancia que iniciativas como ‘Santurzine’ han tenido en su crecimiento creativo. Considera el festival “un punto de encuentro clave para creadores emergentes” y destaca su nivel organizativo, que, a su juicio, supera al de otros eventos con mayor presupuesto. Valora especialmente el esfuerzo voluntario que sostiene una propuesta cultural capaz de llenar salas y atraer público de fuera.
En cuanto a la distribución, una vez más ha apostado por una gestión personal en lugar de delegarla en empresas externas, destinando esos recursos al propio equipo artístico. Acompañar la obra desde su concepción hasta el final de su recorrido forma parte de su compromiso creativo: incluso compaginándolo con largas jornadas laborales, considera “imprescindible dedicar tiempo a mover el cortometraje para que continúe encontrando espectadores”.
Con ‘Hariaren amaieran’, Aitor Molina demuestra cómo una historia nacida de un mito universal puede transformarse en una propuesta personal y fantástica, arraigada en lo local pero capaz de conectar con espectadores de lugares muy distintos. Un ejemplo de cómo el cine independiente, apoyado en la colaboración y la perseverancia, puede abrirse camino más allá de sus propios límites geográficos.