José Luis Tendero: “Los piratas despiertan ese niño interior que todos llevamos dentro”

José Luis Tendero, con un ejemplar de su nueva novela
El santurtziarra regresa a las librerías con ‘La Leyenda del Olonés’, la segunda entrega de su exitosa novela ‘La última bala de Edward Teach’, donde combina historia documentada, leyenda y un imaginario posible

Hace tres años publicaste con éxito ‘La última bala de Edward Teach’. ¿Cómo surgió la idea de esta segunda entrega?
Nunca entró en mi idea hacer una segunda parte, y menos una trilogía como finalmente va a resultar. Pero es cierto que al finalizar la primera parte, tanto la gente que leyó el libro como yo mismo, nos dimos cuenta de que la novela pedía un ‘mañana’. La primera parte te dejaba con ganas de saber más, de conocer cómo aquel niño, William, evolucionaba, qué iba a ser de su vida y sus aventuras... Y fue en ese momento, con la primera parte ya publicada, cuando empezó a surgir la idea de una segunda. Tal fue así que cuando comencé a escribir ‘El Olonés’, la novela empieza donde termina la primera parte. Es algo así como si se leyera ‘a la mañana siguiente...’. Quería que tuviera una continuidad directa. 
 

¿Qué te atrae especialmente del mundo de los piratas, los tesoros y las aventuras?
Lo que principalmente me atrae está íntimamente relacionado con la filosofía de las dos novelas. Coger la historia real, documentada, la que aparece en los libros de historia que cualquiera puede leer, juntarla con las leyendas que han surgido a lo largo de los siglos en torno a los piratas, sus hazañas, sus tesoros y sus secretos, y finalmente completarlo con el maravilloso mundo de lo imaginario y lo posible, lo que pudo haber ocurrido... Y juntar todo ello como en una coctelera, para producir un relato que resulte coherente, y sobre todo creíble. Eso solamente te lo permite el mundo de la piratería. 
 

Al volver al universo de Edward Teach, ¿qué ha supuesto reencontrarse con aquellos protagonistas y qué diferencia a ‘La Leyenda del Olonés’ de la primera entrega?
Ha supuesto dar una continuidad a lo contado en la primera parte, darle una nueva vida, un nuevo rumbo, y sobre todo hacer un homenaje a las grandes leyendas de la piratería del S. XVIII, como el mismo ‘Olonés’, Michel ‘El Vasco’, Anne Bonny o Mary Read. ‘La leyenda del Olonés’ es, principalmente, un homenaje a las grandes leyendas de los amos de la piratería del siglo XVIII. 
 

¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de escribir esta segunda parte?
Tiene una carga histórica mucho mayor que la primera, y el gran reto ha sido que la historia, la leyenda y lo posible se junten de una manera lógica y coherente. Que cuando el lector se enfrente al texto que va a leer, aun sabiendo que es ficción, encuentre un relato que perfectamente pudo ser real. 


¿Qué hay de cierto y de ficción en esta nueva obra?
Hay mucho de cierto, mucho de historia real, que está documentada y que históricamente está recogida. Y luego está la parte de ‘lo posible’. Toda la historia de ‘El Olonés’, de Anne Bonny, incluso el hilo del cual se tira para comenzar la historia, que es el mapa que surge en la Cuba de 1924 y que define la teórica ubicación del tesoro de ‘El Olonés’, es historia real. Luego viene el adorno de lo posible. 
 

¿Hay algún personaje en el libro con el que te sientas identificado o alguna historia inspirada en una experiencia personal? 
Identificado como tal no, pero obviamente el hilo conductor de ambas novelas, el pequeño William, es un reflejo de ese niño que todos llevamos dentro y que en algún momento soñó también con vivir grandes aventuras. Posiblemente es una manera de ver el mundo a través de sus ojos. 
 

En estos libros desmontas algunas ideas sobre los piratas que no se ajustan a la realidad. ¿Cuáles crees que son los principales mitos?
Muchos tienen que ver, especialmente, con Bartholomew ‘Bart el Negro’ Roberts. Por ejemplo, siempre se ha creído que los piratas eran malhablados, borrachos, violentos entre sí, egoístas... Poca gente sabe que Bart Roberts y otros señores de la piratería establecieron un Código de Conducta que, entre otras cosas, establecía que no se permitían el lenguaje malsonante, la embriaguez a bordo o las peleas, el reparto equitativo de los botines o la ayuda a las víctimas en combate. Otro de los grandes mitos tiene que ver con las banderas. Es cierto que se usaban banderas negras con calaveras o huesos, pero la mayor parte de las veces usaban banderas de países a modo de engaño. Tampoco los piratas solían llevar parches en los ojos, y tampoco solían enterrar los tesoros, más bien solían tener bases secretas o lugares escondidos en islas donde guardaban los botines que no gastaban.
 

¿Por qué crees que el mundo de los piratas sigue resultando atractivo a día de hoy?
Los piratas representan, a veces equivocadamente, la libertad, la desobediencia a las normas establecidas, la vida llena de aventuras... No siempre fue así, ni mucho menos, pero esa sensación de ser el dueño de tu propia vida, de luchar por dejar huella en la historia o por conquistar los mares es algo que despierta ese niño interior que todos llevamos dentro y que nos gusta sacar a la luz de vez en cuando. 
 

¿Qué te gustaría que sintieran los lectores al terminar ‘La Leyenda del Olonés’?
Deseo que quien lea la obra termine con una sonrisa en la cara, que haya disfrutado de un viaje, que haya aprendido, que haya soñado, que haya imaginado, y que al menos, durante el tiempo que haya tardado en leer estas páginas, haya abandonado sus preocupaciones diarias y haya viajado a otros tiempos, lugares y escenarios. 


¿Qué autores te han influido más como escritor?
Desde el punto de vista de las dos novelas de ‘La Última Bala...’ creo que hay tres referencias muy claras: Robert Louis Stevenson, por supuesto, con ‘La Isla del Tesoro’, Emilio Salgari y su Corsario Negro, y Alejandro Dumas. A nivel general, como escritor, también soy un enamorado de Shakespeare, Conan Doyle, Mark Twain, Unamuno o Blas de Otero, entre otros. 
 

¿Seguirás con el mundo pirata y de aventuras? ¿O tienes en mente otros géneros en tus próximos trabajos?
De momento quiero centrarme en terminar la historia de nuestro pequeño William con la que será la tercera entrega: ‘La Última Bala de Edward Teach: Los Años Perdidos’, y en la que estoy trabajando ya. Es una novela que trata de completar un hueco temporal que hay en la segunda parte, y que pretende ser un homenaje a este niño que me ha acompañado durante unos cuantos años. Y una vez que cierre esta etapa, tengo un nuevo proyecto en mente, totalmente distinto: ‘El Disputado Voto del Compañero Martínez: Memorias Reales de la Cuba Postrevolucionaria’, que pretenderá ser un recopilatorio de anécdotas reales, contadas por ciudadanos cubanos reales, algunos aún residentes en la isla, otros fuera de ella, con una votación en torno a la conveniencia o no de disponer de aire acondicionado en un tanatorio como hilo conductor. Lejos de hacer broma o ridiculizar los últimos casi 70 años de dictadura cubana, pretende reflejar el sinsentido de situaciones reales del día a día que se producen en ámbitos como hacer un viaje en autobús, no poder sacar dinero de un banco por no haber papel para emitirlo, o pasar 45 días sin agua corriente en un domicilio. Va a ser trágicamente divertido.